Hay una frase que escucho con muchísima frecuencia cuando una futura mamá se pone en contacto conmigo.
“Me gustaría hacerme una sesión de embarazo, pero es que yo no sé posar.”
Y siempre suelo responder lo mismo: menos mal.
Puede sonar extraño, pero la realidad es que la inmensa mayoría de las personas que pasan por mi estudio nunca han hecho una sesión profesional. No son modelos, no están acostumbradas a una cámara y muchas incluso me dicen que se sienten un poco incómodas solo de pensarlo.
Precisamente por eso, no espero que sepan posar.
No es tu trabajo
Hay quien piensa que una sesión consiste en colocarse delante de la cámara y saber en todo momento qué hacer con las manos, dónde mirar o cómo colocarse.
Mi experiencia es muy distinta.
Mi trabajo no consiste solo en hacer fotografías. También consiste en guiaros durante toda la sesión para que no tengáis que preocuparos por ese tipo de cosas.
Poco a poco voy indicando pequeñas posiciones, movimientos o gestos sencillos que resultan naturales y con los que os sintáis cómodos.
Lo más importante no es posar bien.
De hecho, muchas veces las fotografías que más gustan después son aquellas en las que la persona simplemente estaba disfrutando del momento.
Una sonrisa espontánea, una mirada a la barriga o un abrazo con la pareja suelen transmitir mucho más que una pose perfectamente preparada.
Por eso intento que la sesión sea tranquila y que todo vaya surgiendo sin prisas.
¿Y si me pongo nerviosa?
También pasa.
Hay futuras mamás que llegan diciendo que están nerviosas porque nunca han vivido una experiencia así.
Lo curioso es que, unos minutos después de empezar, esos nervios suelen desaparecer. Cuando dejas de pensar en la cámara y te centras en vivir el momento, todo resulta mucho más sencillo.
Mi forma de trabajar
Cuando alguien reserva una sesión conmigo, no espero que venga sabiendo cómo colocarse o qué hacer en cada momento.
Al contrario.
Prefiero que vengas siendo tú misma y que seas yo quien te vaya acompañando durante toda la sesión. De esa forma el resultado suele sentirse mucho más natural y personal.
Con el paso de los años he comprobado que las personas que más miedo tenían a no saber posar suelen ser también las que más se sorprenden cuando ven el resultado final.
Y, si te sirve de tranquilidad, todavía no me he encontrado con nadie que al terminar una sesión me diga: “Ojalá hubiera practicado más poses delante del espejo.” Casi siempre ocurre justo lo contrario: se dan cuenta de que se preocuparon mucho más de la cuenta.
