Hay una frase que escucho con bastante frecuencia antes de una sesión de embarazo:
“Me hace ilusión hacerme fotos, pero la verdad es que ahora mismo no me veo bien.”
A veces la preocupación es por el peso, otras por la hinchazón o simplemente porque el cuerpo está cambiando y cuesta reconocerse. Y lo entiendo perfectamente.
Pero también te diré una cosa que he comprobado después de fotografiar a muchas futuras mamás: la forma en la que una se ve a sí misma no siempre coincide con la realidad.
Somos mucho más críticos con nosotros mismos.
Nos vemos todos los días en el espejo. Nos fijamos en pequeños detalles que probablemente nadie más percibe y tendemos a juzgarnos con una dureza que no aplicaríamos a otra persona.
Durante el embarazo, además, el cuerpo cambia muy deprisa y es normal necesitar un tiempo para adaptarse a esos cambios.
Por eso, cuando alguien me dice que no se siente especialmente favorecida, nunca doy por hecho que eso vaya a reflejarse en las fotografías.
Una sesión de embarazo no consiste en parecer otra persona.
Mi objetivo no es transformar a nadie ni intentar esconder cómo es.
Al contrario.
Busco la mejor luz, el mejor encuadre y un ambiente en el que puedas sentirte cómoda para que las fotografías reflejen esta etapa de una forma natural y con la que te sientas identificada cuando las vuelvas a ver dentro de unos años.
No necesitas sentirte perfecta para hacerte una sesión
De hecho, creo que esperar a sentirse perfecta puede hacer que muchas personas dejen pasar momentos importantes.
El embarazo forma parte de tu historia y merece ser recordado tal y como lo estás viviendo.
Y eso no depende de llevar una talla determinada, de tener un día especialmente bueno o de sentir que todo está exactamente como te gustaría.
Lo que suele pasar después.
Hay algo que me llama la atención y que se ha repetido muchas veces a lo largo de los años.
Antes de la sesión, algunas futuras mamás llegan con dudas e inseguridades. Después, cuando reciben sus fotografías, es habitual que me digan:
“No esperaba verme así de guapa.”
Y no porque haya hecho magia ni porque las fotografías cambien quiénes son.
Simplemente, porque una sesión cuidada, con buena luz, una preparación tranquila y una mirada profesional puede mostrar una imagen muy diferente a la que tenemos de nosotros mismos cuando nos miramos deprisa en el espejo o en la cámara del móvil.
Mi forma de trabajar.
Cuando una futura mamá reserva una sesión conmigo, dedicamos tiempo a preparar todo con calma.
Hablamos del estilo que le gusta, del vestuario, del tipo de fotografías que busca y de cualquier preocupación que tenga antes del día de la sesión.
Mi intención es que llegue tranquila, se sienta acompañada y pueda disfrutar de la experiencia sin estar pendiente de si sale bien en cada foto o de cómo tiene que colocarse.
Porque esa parte es mi trabajo.
Y si hay algo que he aprendido con los años, es que muchas veces somos nosotros mismos quienes peor nos juzgamos.
